viernes, 14 de noviembre de 2008

Frithjof Schoun


La belleza multiforme de un santuario es como la cristalización de un flujo espiritual, de una corriente de bendiciones: como si ese poder invisible y celeste hubiera “descendido” a la materia y la hubiera transformado en una lluvia de formas preciosas, en una suerte de sistema planetario de símbolos que nos rodea y penetra por todos lados. El choque, si puede decirse así, es análogo al de la bendición misma: es directo y existencial; va más allá del pensamiento y se apodera de nuestro ser en su propia sustancia.

Hay bendiciones que son como la nieve, otras como el vino, todas pueden cristalizarse en el arte sagrado. Lo que se exterioriza en tal arte es, a un tiempo, la doctrina y la bendición, la geometría y la música del Cielo.


2 comentarios:

José Solís dijo...

La belleza de un santuario es un flujo espiritual de bendiciones.

Belleza material, reflejo de la belleza espiritual.

Así son los claustros también, refugios para el alma.

Gracias

Anónimo dijo...

Recordar que la Arquitectura Sagrada se ubica en Lugares Sagrados.