sábado, 22 de noviembre de 2008

Canalización y canalizadores

Anónimo.
LOS ARCANOS MAYORES DEL TAROT
Carta XV: EL DIABLO.
EL ARCANO DE LA CONTRAINSPIRACIÓN


(…) Un periodista desengañado de todo se ha retirado de las vanidades del mundo, junto con su mujer, instalándose en una confortable casa de campo sita en una pequeña isla cercana a Gran Bretaña. Como buen periodista con experiencia, no cree en nada definido ni niega tampoco nada. Cierto día, no obstante, le ocurre algo extraordinario. Siente un deseo extraordinario de sentarse ante un papel y escribir. Y así lo hace. Obedeciendo a un dictado interior, produce una serie de manuscritos con dibujos –él jamás había dibujado-, atribuyéndolos nada menos que a Osiris, del antiguo Egipto. Osiris aprovecha esta ocasión para contar francamente y con todo detalle cuanto conoce de la sabiduría y la religión antiguas, a guisa de mensaje a la humanidad del siglo XX.
(…) El favorecido con tan prodigiosa revelación y su mujer, emocionados por la grandeza tanto de lo revelado como quién lo revelaba, se resuelven a dar a conocer estas inauditas verdades a la humanidad entera. Y he aquí que una editorial especializada publica, tomo tras tomo, la revelación de Osiris.
La historia que acabo de relatar es auténtica: la editorial en cuestión existe, los volúmenes editados se encuentran en muchas bibliotecas de Inglaterra y hay, sin duda alguna, revelación y revelador. Pero el revelador no es Osiris, sino Mefistófeles, y toda esa revelación es sólo una farsa, una broma. Gastada ¿a quién? ¿A una pareja de crédulos? No, más bien a una pareja de snobs espirituales. Porque quienquiera que sea el autor de semejante revelación –tú, querido amigo desconocido no estás obligado a creer a pie juntillas lo que afirmo-, dice en realidad lo siguiente:
«Vosotros, que tenéis en poco el esfuerzo de la ciencia y el pensamiento desde Platón a Kant, los tesoros de los auténticos testimonios de los grandes místicos, las riquezas de la tradición hermética, las de las Sagradas Escrituras, los sacramentos, la sangre y el sudor de Getsemaní, la cruz del Calvario, la Resurrección…, tomad lo que deseáis: volúmenes enteros de futilidades pomposamente presentadas y transmitidas como queríais, por medio de una voz extraordinaria.»
He aquí un ejemplo de acusación mefistofélica contra quienes no buscan la verdad como tal, sino circunstancias extraordinarias de la revelación de cualquier cosa.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Tienes alguna experiencia de este tipo de "iluminados?.

¿qué te mueve a incluir este tipo de comentarios en tu blog?

Te sigo hace mucho tiempo, y conozco tu sensibilidad espiritual y tus profundas convicciones.

Este texto no es gratuito. ¿Quieres aclarar o desenmascarar algún tipo de corriente?

Te agradecería a qué se debe este comentario.

Gracias.

Miren dijo...

Vivimos rodeados de lo extraordinario,y nos acostumbramos de tal forma a ello que en vez de maravilarnos al contemplarlo lo consideramos "natural", mientras nos extraviamos buscando lo que es evidente.

Gaudiosa dijo...

El fragmento incluido en el blog es simplemente la divulgación de un texto de difícil acceso, pues pertenece a un libro que no se reedita, y que contiene información que considero muy interesante.
Este blog va de eso. De ofrecer distintas perspectivas sobre asuntos espirituales, psicológicos y artísticos.

La llamada actualmente canalización -espiritismo en sentido estricto- es una actividad que el autor del libro sitúa en la esfera de la contrainspiración. En la esfera del demonio y de los egrégores (como la ouija). Sé que en la actualidad este fenómeno mueve a millones de personas y millones de euros y me parece importante ofrecer este punto de vista alternativo y crítico.
Es el punto de vista de alguien que realiza un extenso y profundo estudio de los arcanos mayores del tarot desde la perspectiva del hermetismo cristiano.

¿Tienes alguna experiencia de este tipo de "iluminados?
¡Y quién no!

Sol dijo...

"snobs espirituales": (...) tomad lo que deseáis: volúmenes enteros de futilidades pomposamente presentadas y transmitidas como queríais, por medio de una voz extraordinaria.

Cómo decía Chesterton, cuando se deja de creer en Dios se acaba creyendo en cualquier cosa.