jueves 26 de noviembre de 2009
viernes 6 de noviembre de 2009
Wilber: para hacer la ola
Nuevas tareas para hacer, nuevas glorias para contar, nuevos fundamentos para ser revelados y nuevos secretos del corazón para desplegar demasiado completos para mencionarlos, demasiado radiantes para verlos, demasiado infinitos para sostenerlos, demasiado eternos para tocarlos, pero que están aquí y ahora mismo, más cerca de ti que tu propio corazón, más dentro de ti que tus pensamientos e íntimamente unidos al Espíritu. Eso es lo que ahora mismo está leyendo esta página, contemplando el mundo y preguntándose lo que todo esto significa, cuando lo que significa eres tú. Pero no el yo que podemos ver, sino el Yo que está viendo.
El Vidente en ti, el Testigo de esta página y del mundo que te rodea resplandece y palpita con una beatitud radiante atada a la libertad de todos y cada uno de los instantes, una libertad abrasadora que se libera al infinito en cada espiración, que cosquillea en tu columna con su ardiente intensidad que emana de tu cuerpo entregando sus dones de infinita compasión, de perfección radical y de respeto resplandeciente, dones tan desbordantes que tu cuerpo reventaría si tratara de contenerlos. Ahora mismo puedes sentir esa plenitud tratando de expandirse y esa libertad atravesándote. Para ello bastará con que te muevas simplemente a un lado. Entonces, cuando descanses como el Testigo de este y de todos los mundos, podrás presenciar todos los mundos que emergen en tu propia conciencia, todos los mundos que has creado entre la salida y la puesta del Sol, el luminoso despliegue del orbe atravesando el firmamento de tu propia vacuidad resplandeciente. La gran apertura radiante que eres tú, instante tras instante es todo lo que es. ¡Mira! ¡Mira! ¡Mira! ¿Qué es lo que ves? ¿Qué es lo que puedes ver? ¿Qué otra cosa puedes ver sino las texturas de tu Ser, el gran Único Sabor de tu Presencia primordial que aparece por doquier como el mundo? ¿Sigues creyendo ahora acaso que el mundo “fuera de aquí” es distinto a la sensación que tienes de ti ahora mismo? Escúchame:
Todo eres tú.
Tú estás vacío.
La vacuidad se manifiesta libremente.
Manifestarse libremente es la autoliberación.
Ken Wilber: La visión integral.
viernes 23 de octubre de 2009
Conflicto
pelo suelto al viento,
caricias voluptuosas en el cráneo.
No tengo expectativas,
no tengo apego a los deseos.
Libre de los juegos de espejos,
pasos de geisha
colores de seda,
en mí no hay conflicto.
No obtuve lo que esperaba:
Ya he aprendido a no esperar.
miércoles 26 de agosto de 2009
John Stuart Mill

El principio requiere libertad de gustos y actividades, libertad para formular el plan de nuestra vida con el fin de que se adapte a nuestro carácter, libertad para hacer lo que nos gusta, sujetos a las consecuencias que puedan derivarse, sin impedimento por parte de nuestros semejantes, siempre que lo que hagamos no les perjudique, incluso aunque piensen que nuestra conducta es estúpida, perversa o equivocada.
viernes 21 de agosto de 2009
Yo estoy aquí por ti y tú por mí.
Nasrudín caminaba tranquilamente por el campo un día soleado. Mientras miraba el paisaje observó que delante de él otra persona también caminaba en la misma dirección. En cierto momento éste miró hacia atrás y vio a Nasrudín a cierta distancia. Entonces pensó: seguramente es un atracador y está esperando la oportunidad para quitármelo todo. En ese momento empezó a correr despavorido.
Nasrudín que lo observaba desde atrás con atención, al verlo correr de esa forma, pensó: seguramente le ha pasado algo y necesita ayuda, y entonces él también empezó a correr a toda velocidad. De esta forma los dos corrían por el campo uno tras otro. El primer hombre ya no podía más y en su debilidad tropezó con una piedra, rodó por el suelo y quedó medio atrapado entre unos matorrales; se quedó allí quieto y agazapado con la esperanza de que Nasrudín no le viera cuando pasara. Pero Nasrudín tropezó justo en la misma piedra, rodó igualmente y fue a parar justo encima del hombre. Éste gritaba:
-Por favor no me hagas nada.
Nasrudín quedó sorprendido, se quedó mirando a la otra persona y dijo:
-Sabes qué, creo que tú estás aquí por mí y yo estoy aquí por ti.
Cuentos sufíes
domingo 16 de agosto de 2009
Pantera
No, ni basalto ni granito podrían figurarla, y sí sólo un pedazo de noche. Aérea y ligera lo mismo que la noche, vasta y tenebrosa lo mismo que el todo de donde algún cataclismo la precipitó sobre la tierra, esa negrura está iluminada por la luz glauca de los ojos, a los que asoma a veces el afán de rasgar y de triturar, idea única entre la masa mental de su aburrimiento. ¿Qué poeta o qué demonio odió tanto y tan bien la vulgaridad humana circundante?.
Y cuando aquel relámpago se apaga, atenta entonces otra realidad que los sentidos no vislumbran, su mirada queda indiferente ante la exterior fantasmagoría ofensiva. Aherrojada así, su potencia destructora se refugia más allá de la apariencia, y esa apariencia que sus ojos no ven, o no quieren ver, inmediata aunque inaccesible a la zarpa, el pensamiento animal la destruye ahora sin sangre, mejor y más enteramente.
Luis Cernuda: Ocnos
La pantera
De ver pasar barrotes su mirada
se ha cansado tanto que no ve ya nada.
Le parece que hubiera mil barrotes
y tras los mil barrotes ningún mundo.
El lento andar de firmes pasos blandos,
que giran en torno al círculo más mínimo,
es un baile de fuerza en torno a un centro
en que hay, aturdido, un gran deseo.
A veces se alza el telón de la pupila,
sin ruido... entonces una imagen entra,
cruza los miembros, silenciosos, tensos,
y llega al corazón, donde allí muere.
Rainer Maria Rilke: La pantera
lunes 10 de agosto de 2009
Expiación
Lo que la emocionaba era la perspectiva de la libertad, de verse exonerada de la lucha engorrosa entre el bien y el mal, los héroes y los villanos. No necesitaba enjuiciar. No tenía que haber una moraleja. Sólo habría que mostrar mentes separadas, tan vivas como la suya, luchando contra la idea de que otras mentes estaban igualmente vivas. No era sólo la maldad y las intrigas las que hacían infeliz a la gente, sino la confusión y la incomprensión; ante todo, era la incapacidad de comprender la sencilla verdad de que las demás personas son tan reales como uno.
Ian McEwan: Expiación
viernes 31 de julio de 2009
Los miserables
Se preguntó si la sociedad humana podía tener el derecho de hacer sufrir igualmente a sus miembros, en su caso su imprevisión irracional, y en otro su impía previsión; y de apoderarse para siempre de un hombre entre una falta y un exceso; falta de trabajo, exceso de castigo.
Se preguntó si no era justo que la sociedad tratase así precisamente a aquellos de sus miembros peor dotados en la repartición casual de los bienes, y por lo tanto a los miserables más dignos de consideración.
Presentadas y resueltas estas cuestiones, juzgó a la sociedad, y la condenó.
La condenó en su odio.
La hizo responsable de su suerte, y se dijo que no dudaría quizás en pedirle cuentas algún día. Se declaró a sí mismo que no había equilibrio entre el mal que había causado y el que había recibido; concluyendo por fin, que su castigo no era precisamente una injusticia, pero era seguramente una iniquidad.
La cólera puede ser loca, absurda; el hombre puede irritarse injustamente, pero no se indigna sino cuando tiene razón en el fondo por algún lado. Jean Valjean se sentía indignado.
Además, de la sociedad no había recibido sino males: nunca había conocido más que esa fisonomía iracunda que se llama justicia, y que enseña a los que castiga.
Los hombres no le habían tocado más que para maltratarle. Todo contacto que con ellos había tenido había sido una herida. Nunca, desde su infancia, exceptuando a su madre y a su hermana, nunca había encontrado una voz amiga, una mirada benévola. Así, de padecimiento en padecimiento, llegó a la convicción de que la vida es una guerra, y que en esta guerra él era el vencido. Y no teniendo más arma que el odio, resolvió aguzarlo en el presidio, y llevarlo consigo a su salida.
(…) Digamos ahora una cosa triste. Jean, después de haber juzgado a la sociedad que había hecho su desgracia, juzgó a la Providencia que había hecho la sociedad, y la condenó también.
Así, durante estos diecinueve años de tortura y esclavitud, su alma se elevó y decayó al mismo tiempo. En ella entraron, la luz por un lado y las tinieblas por otro.
Jean Valjean no tenía, como se ha visto, una naturaleza malvada. Aún era bueno cuando entró en presidio. Allí condenó a la sociedad, y conoció que se hacía malo; condenó a la Providencia, y conoció que se hacía impío.
Victor Hugo: Los miserables
jueves 30 de julio de 2009
Baile de máscaras
El lobo, taimada Hiena alimentada
De carne putrefacta,
Asesino de inocentes y pequeños.
La gallina, Zorra sarnosa, astuta
Marioneta malvada,
Huera imitadora sin alma.
La leona, insignificante Araña tejedora
De estúpidas trampas
En las que siempre vive sola.
La loba, Cordera sin mancha entregada
En sagrado oficio purificante,
Mansa dice: Consumatum est.
La maldición del Viviente
Cae ahora eternamente
Sobre las alimañas.
Nunca levantarán cabeza,
Todo se les torcerá.
La vida
Las vomitará.
Ni la sangre las redimirá.
Maurice Brosse: Baile de máscaras o quién es quién.
miércoles 29 de julio de 2009
Soledades, galerías y otros poemas
La causa de esta angustia no consigo
ni vagamente comprender siquiera;
pero recuerdo y, recordando, digo:
—Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.
Antonio Machado: Soledades, galerías y otros poemas (1907)
LA CUERDA CORTADA
vuelve a aguantar, pero
está cortada.
Quizá volvamos a tropezar, pero allí
donde me abandonaste no
volverás a encontrarme.
Bertolt Brecht: La cuerda cortada
Letanía Bene Gesserit contra el Miedo
Frank Herbert: Dune


