miércoles, 28 de diciembre de 2011

Shambhala, la senda sagrada del guerrero


Si uno busca el corazón despierto, si se mete la mano en el pecho en busca de él, no encontrará nada allí, sólo una sensación dolorida. Uno siente algo sensible y tierno, y si abre los ojos al resto del mundo, siente una inmensa tristeza, una tristeza que no viene de haber sido maltratado. Uno no está triste porque alguien le haya insultado ni porque se sienta empobrecido. Esa experiencia de tristeza es, más bien, algo incondicional. Se da porque el corazón está totalmente al descubierto. No hay piel ni tejido que lo cubra; no hay más que la carne viva. Con que un mosquito se pose levemente sobre él, uno se siente afectado. Su vivencia es algo crudo, tierno y tan personal…
El auténtico corazón de la tristeza proviene de que nuestro inexistente corazón está totalmente pleno. Quisiéramos derramar la sangre de nuestro corazón, entregar nuestro corazón a otros. Para el guerrero, esta vivencia del corazón triste y dolorido es lo que genera la intrepidez. Habitualmente, ser intrépido significa no tener miedo, o que si alguien lo golpea, uno le devuelve el golpe. Sin embargo, no estamos hablando de ese nivel de intrepidez, el de la riña callejera. La verdadera intrepidez es producto de la ternura. Proviene de dejar que el mundo roce ligeramente nuestro corazón, nuestro corazón bello y palpitante. Estamos dispuestos a abrirnos, sin resistencia ni timidez, para afrontar el mundo. Estamos dispuestos a compartir nuestro corazón con los demás.

Chögyam Trungpa, Shambhala, la senda sagrada del guerrero


5 comentarios:

Anónimo dijo...

No entiendo tu blog, eres católica? porque tienes muchas imagenes y conceptos de la new age.

Lupus dijo...

Muy interesante... No hay que encasillarse...


Wazap.com.ar


El lobo Lupus

La Pitonisa dijo...

¡Qué blog más genial e interesante!

URUMO dijo...

Vine buscando un texto sobre Shambala y la tristeza. Gracias por ofrecérmelo.

El Anónimo pregunta, etiqueta, opone y... ¡hasta esperará respuestas! Tiene guasa la cosa. La cosa anónima.

Gaudiosa dijo...

A ti, Urumo.