viernes, 23 de octubre de 2009

Conflicto

Suelto,
pelo suelto al viento,
caricias voluptuosas en el cráneo.

No tengo expectativas,
no tengo apego a los deseos.

Libre de los juegos de espejos,
pasos de geisha
colores de seda,
en mí no hay conflicto.
No obtuve lo que esperaba:
Ya he aprendido a no esperar.

La paciencia...













Ten paciencia con todas las cosas, pero sobre todo contigo mismo.


Francisco de Sales

miércoles, 26 de agosto de 2009

John Stuart Mill














El principio requiere libertad de gustos y actividades, libertad para formular el plan de nuestra vida con el fin de que se adapte a nuestro carácter, libertad para hacer lo que nos gusta, sujetos a las consecuencias que puedan derivarse, sin impedimento por parte de nuestros semejantes, siempre que lo que hagamos no les perjudique, incluso aunque piensen que nuestra conducta es estúpida, perversa o equivocada.

viernes, 21 de agosto de 2009

Yo estoy aquí por ti y tú por mí.


Nasrudín caminaba tranquilamente por el campo un día soleado. Mientras miraba el paisaje observó que delante de él otra persona también caminaba en la misma dirección. En cierto momento éste miró hacia atrás y vio a Nasrudín a cierta distancia. Entonces pensó: seguramente es un atracador y está esperando la oportunidad para quitármelo todo. En ese momento empezó a correr despavorido.

Nasrudín que lo observaba desde atrás con atención, al verlo correr de esa forma, pensó: seguramente le ha pasado algo y necesita ayuda, y entonces él también empezó a correr a toda velocidad. De esta forma los dos corrían por el campo uno tras otro. El primer hombre ya no podía más y en su debilidad tropezó con una piedra, rodó por el suelo y quedó medio atrapado entre unos matorrales; se quedó allí quieto y agazapado con la esperanza de que Nasrudín no le viera cuando pasara. Pero Nasrudín tropezó justo en la misma piedra, rodó igualmente y fue a parar justo encima del hombre. Éste gritaba:

-Por favor no me hagas nada.

Nasrudín quedó sorprendido, se quedó mirando a la otra persona y dijo:

-Sabes qué, creo que tú estás aquí por mí y yo estoy aquí por ti.


Cuentos sufíes

domingo, 16 de agosto de 2009

Pantera

Su esbelta negrura aterciopleada, que semeja no tener otro peso sino el suficiente para oponerse al aire con resistencia autónoma, va y viene monótonamente tras de los hierros, ante quienes seducidos por tal hermosura maléfica allá se detienen a contemplarla. La fuerza material se sutiliza ahí en gracia dominadora, y la voluntad construye, como en el bailarín, un equilibrio corporal perfecto, ordenando cada músculo exacta y aladamente, según la pauta matemática y musical que informa sus movimientos.
No, ni basalto ni granito podrían figurarla, y sí sólo un pedazo de noche. Aérea y ligera lo mismo que la noche, vasta y tenebrosa lo mismo que el todo de donde algún cataclismo la precipitó sobre la tierra, esa negrura está iluminada por la luz glauca de los ojos, a los que asoma a veces el afán de rasgar y de triturar, idea única entre la masa mental de su aburrimiento. ¿Qué poeta o qué demonio odió tanto y tan bien la vulgaridad humana circundante?.
Y cuando aquel relámpago se apaga, atenta entonces otra realidad que los sentidos no vislumbran, su mirada queda indiferente ante la exterior fantasmagoría ofensiva. Aherrojada así, su potencia destructora se refugia más allá de la apariencia, y esa apariencia que sus ojos no ven, o no quieren ver, inmediata aunque inaccesible a la zarpa, el pensamiento animal la destruye ahora sin sangre, mejor y más enteramente.

Luis Cernuda: Ocnos


La pantera


De ver pasar barrotes su mirada

se ha cansado tanto que no ve ya nada.
Le parece que hubiera mil barrotes
y tras los mil barrotes ningún mundo.

El lento andar de firmes pasos blandos,
que giran en torno al círculo más mínimo,
es un baile de fuerza en torno a un centro
en que hay, aturdido, un gran deseo.

A veces se alza el telón de la pupila,
sin ruido... entonces una imagen entra,
cruza los miembros, silenciosos, tensos,
y llega al corazón, donde allí muere.

Rainer Maria Rilke: La pantera

¿Qué ves?



















Ya, ya sé lo que tú ves...

lunes, 10 de agosto de 2009

Expiación


Lo que la emocionaba era la perspectiva de la libertad, de verse exonerada de la lucha engorrosa entre el bien y el mal, los héroes y los villanos. No necesitaba enjuiciar. No tenía que haber una moraleja. Sólo habría que mostrar mentes separadas, tan vivas como la suya, luchando contra la idea de que otras mentes estaban igualmente vivas. No era sólo la maldad y las intrigas las que hacían infeliz a la gente, sino la confusión y la incomprensión; ante todo, era la incapacidad de comprender la sencilla verdad de que las demás personas son tan reales como uno.


Ian McEwan: Expiación

viernes, 31 de julio de 2009

Los miserables


Se preguntó si la sociedad humana podía tener el derecho de hacer sufrir igualmente a sus miembros, en su caso su imprevisión irracional, y en otro su impía previsión; y de apoderarse para siempre de un hombre entre una falta y un exceso; falta de trabajo, exceso de castigo.

Se preguntó si no era justo que la sociedad tratase así precisamente a aquellos de sus miembros peor dotados en la repartición casual de los bienes, y por lo tanto a los miserables más dignos de consideración.
Presentadas y resueltas estas cuestiones, juzgó a la sociedad, y la condenó.
La condenó en su odio.
La hizo responsable de su suerte, y se dijo que no dudaría quizás en pedirle cuentas algún día. Se declaró a sí mismo que no había equilibrio entre el mal que había causado y el que había recibido; concluyendo por fin, que su castigo no era precisamente una injusticia, pero era seguramente una iniquidad.
La cólera puede ser loca, absurda; el hombre puede irritarse injustamente, pero no se indigna sino cuando tiene razón en el fondo por algún lado. Jean Valjean se sentía indignado.
Además, de la sociedad no había recibido sino males: nunca había conocido más que esa fisonomía iracunda que se llama justicia, y que enseña a los que castiga.
Los hombres no le habían tocado más que para maltratarle. Todo contacto que con ellos había tenido había sido una herida. Nunca, desde su infancia, exceptuando a su madre y a su hermana, nunca había encontrado una voz amiga, una mirada benévola. Así, de padecimiento en padecimiento, llegó a la convicción de que la vida es una guerra, y que en esta guerra él era el vencido. Y no teniendo más arma que el odio, resolvió aguzarlo en el presidio, y llevarlo consigo a su salida.

(…) Digamos ahora una cosa triste. Jean, después de haber juzgado a la sociedad que había hecho su desgracia, juzgó a la Providencia que había hecho la sociedad, y la condenó también.
Así, durante estos diecinueve años de tortura y esclavitud, su alma se elevó y decayó al mismo tiempo. En ella entraron, la luz por un lado y las tinieblas por otro.
Jean Valjean no tenía, como se ha visto, una naturaleza malvada. Aún era bueno cuando entró en presidio. Allí condenó a la sociedad, y conoció que se hacía malo; condenó a la Providencia, y conoció que se hacía impío.

Victor Hugo: Los miserables


jueves, 30 de julio de 2009

Baile de máscaras


El lobo, taimada Hiena alimentada

De carne putrefacta,
Asesino de inocentes y pequeños.

La gallina, Zorra sarnosa, astuta
Marioneta malvada,
Huera imitadora sin alma.

La leona, insignificante Araña tejedora
De estúpidas trampas
En las que siempre vive sola.

La loba, Cordera sin mancha entregada
En sagrado oficio purificante,
Mansa dice: Consumatum est.

La maldición del Viviente
Cae ahora eternamente
Sobre las alimañas.
Nunca levantarán cabeza,
Todo se les torcerá.
La vida
Las vomitará.
Ni la sangre las redimirá.

Maurice Brosse: Baile de máscaras o quién es quién.




Lin Chi Zen


Si encuentras a buda, mátalo.
Si encuentras al patriarca, mátalo.




miércoles, 29 de julio de 2009

Soledades, galerías y otros poemas



La causa de esta angustia no consigo

ni vagamente comprender siquiera;
pero recuerdo y, recordando, digo:

—Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.


Antonio Machado: Soledades, galerías y otros poemas (1907)

LA CUERDA CORTADA

La cuerda cortada puede volver a anudarse,
vuelve a aguantar, pero
está cortada.
Quizá volvamos a tropezar, pero allí
donde me abandonaste no
volverás a encontrarme.

Bertolt Brecht: La cuerda cortada

Letanía Bene Gesserit contra el Miedo

No conoceré el miedo. El miedo mata la mente. El miedo es el pequeño mal que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allí por donde mi miedo haya pasado ya no quedará nada, sólo estaré yo.

Frank Herbert: Dune

martes, 28 de julio de 2009

La apuesta


Yo soy atea. No existe Dios, ésta es mi apuesta.

Es mejor que la de Pascal,
-aunque él crea que con ella sea imposible perder,
en realidad no es la apuesta de los ganadores,
sino la del ganado.

Dios no existe.
Vivir sabiendo que este ser egoísta y tiránico
no tiene existencia real, es el mayor gozo de mi vida.
Darme cuenta de la total libertad y del total sinsentido
hace saltar mis entrañas de alegría.
Pues ya no soy una niña abandonada,
mal amada y malquerida. Puesta en un mundo cruel en manos torpes y violentas,
avanzando por la vida a base de ostias y engaños
de hijos de puta que te usan diciéndote que te quieren, que hacen lo mejor para ti.
Soy un ser que ha nacido de la sangre y las semillas guardadas en un vientre
y al que la muerte acompaña siempre hasta que sólo ella, mi hermosa y caritativa parca, sea.
¡Qué maravillosa esperanza! Sin ti, Aniquilación, Nada, no viviría ni un minuto más.

Y si existes, cerdo ególatra, quiero que sepas que nada mío volverá a ti.
En mi libertad escojo la segunda muerte. Ninguna de mis experiencias, ni mi conciencia, ni nada que en mí o por mí haya existido tendrán retorno a tu solipsismo enajenado. ¡Lo que faltaba! Que me tiraras como una puta alpargata a una vida de mierda y encima luego hubiera que dártela en ofrenda para que, por si faltaba alguna crueldad, me juzgues. Ja, ja, ja. Júzgate tú, pedazo de cabrón.

Tantas veces tu idea me ha jodido que no he tenido descanso. Siempre preñada y parturienta, enferma de sobreparto de engendros monstruosos, igualitos a ti.

Pero ya he ganado la apuesta final: tú no existes y si existes, que te den. Quiero cerrar los ojos y que todo termine. Todo.

Ves, Pascal, como la apuesta ganadora es la mía. Yo soy, tú balas.

Luca Ecce Mulier: La apuesta

lunes, 27 de julio de 2009

Hombre

Hombre,
gárrula tolvanera
entre la torre y el azul redondo,
vencejo de una tarde, algarabía
desierta de un verano.

Hombre, borrado en la expresión, disuelto
en ademán: sólo flautín bardaje,
sólo terca trompeta,
híspida en el solar contra las tapias.

Hombre,
melancólico grito,
¡oh solitario y triste
garlador!: ¿dices algo, tienes algo
que decir a los hombres o a los cielos?
¿Y no es esa amargura
de tu grito, la densa pesadilla
del monólogo eterno y sin respuesta?

Hombre,
cárabo de tu angustia,
agüero de tus días
estériles, ¿qué aúllas, can, qué gimes?
¿Se te ha perdido el amo?

No: se ha muerto.
¡Se te ha podrido el amo en noches hondas,
y apenas sólo es ya polvo de estrellas!
Deja, deja ese grito,
ese inútil plañir, sin eco, en vaho.
Porque nadie te oirá. Solo. Estás solo.


Dámaso Alonso: Hombre

jueves, 4 de junio de 2009

John Richardson















La sacralización es la conciencia en un tiempo y espacio infinito de una eternidad y de que el ser humano es portador de una parte divina que es lo único que «es» en realidad. Por lo tanto, debemos ser siempre de esta alma divina, intentando provocar las circunstancias para que se manifieste y nos ilumine, sacralizando así lo cotidiano.

John Richardson: La tradicióN UnánimE

lunes, 1 de junio de 2009

Leonard Cohen



















De ti solo a ti solo, de eterno a eterno, todo lo que no eres tú es sufrimiento, todo lo que no eres tú es soledad repitiendo los argumentos de la pérdida. Todo lo que no eres tú es el hombre derrumbándose contra su propia frente, y la frente le aplasta. Todo lo que no eres tú se apaga y se apaga, recogiendo las voces de la venganza, cosechando triunfos perdidos lejos de la verdadera y necesaria derrota. Es a ti a quien hablo, de soledad a unidad, de fracaso a misericordia, y de pérdida a la luz. Es a ti a quien doy la bienvenida aquí, que llegas a través de la tosca gloria de mi imaginación, a esta misma noche, a este mismo lecho, a esta misma oscuridad. Concédeme un sueño indulgente, y deja descansar a mi enemigo.

Leonard Cohen: El libro de la misericordia.

sábado, 16 de mayo de 2009

Budismo Mahayana y Budismo Zen



















Shen-hsiu sintetiza el pensamiento mahayánico en el siguiente poema:

El cuerpo se asemeja al árbol Bodhi,
y la mente a un espejo brillante.
Límpialo siempre,
sin dejar que el polvo se deposite.

Hui-neng puso la primera piedra del budismo Zen al replicar:

Jamás hubo un árbol Bodhi
ni brillante espejo.
Ya que en realidad nada existe,
¿dónde, pues, se va a depositar el polvo?

miércoles, 13 de mayo de 2009

Antonio



















EL SITIO DE MI RECREO

Donde nos llevó la imaginación,
donde con los ojos cerrados
se divisan infinitos campos.

Donde se creó la primera luz
junto a la semilla de cielo azul
volveré a ese lugar donde nací.

De sol, espiga y deseo,
con tu risa borro el miedo.

Viento que a su murmullo parece hablar,
mueve el mundo con gracia, le ves bailar
y con él, el escenario de mi hogar.

Mar bandeja de plata, mar infernal
es su temperamento natural,
poco o nada cuesta ser uno más.

De sol, espiga y deseo
son sus manos en mi pelo,
de nieve, huracán y abismos,
el sitio de mi recreo.

Silencio, brisa y cordura
dan aliento a mi locura,
hay nieve, huracán, hay deseos,
ahí donde me recreo.

Antonio Vega

http://www.youtube.com/watch?v=lSrQtx7BFQU