viernes, 22 de enero de 2010

Carta Encíclica Deus caritas est, del Sumo Pontífice Benedicto XVI















La actividad caritativa cristiana ha de ser independiente de partidos e ideologías. No es un medio para transformar el mundo de manera ideológica y no está al servicio de estrategias mundanas, sino que es la actualización aquí y ahora del amor que el hombre siempre necesita.

Los tiempos modernos, sobre todo desde el siglo XIX, están dominados por una filosofía del progreso con diversas variantes, cuya forma más radical es el marxismo. Una parte de la estrategia marxista es la teoría del empobrecimiento: quien en una situación de poder injusto ayuda al hombre con iniciativas de caridad —afirma— se pone de hecho al servicio de ese sistema injusto, haciéndolo aparecer soportable, al menos hasta cierto punto. Se frena así el potencial revolucionario y, por tanto, se paraliza la insurrección hacia un mundo mejor. De aquí el rechazo y el ataque a la caridad como un sistema conservador del statu quo.

En realidad, ésta es una filosofía inhumana. El hombre que vive en el presente es sacrificado al Moloc del futuro, un futuro cuya efectiva realización resulta por lo menos dudosa. La verdad es que no se puede promover la humanización del mundo renunciando, por el momento, a comportarse de manera humana. A un mundo mejor se contribuye solamente haciendo el bien ahora y en primera persona, con pasión y donde sea posible, independientemente de estrategias y programas de partido.

El programa del cristiano —el programa del buen Samaritano, el programa de Jesús— es un «corazón que ve». Este corazón ve dónde se necesita amor y actúa en consecuencia. Obviamente, cuando la actividad caritativa es asumida por la Iglesia como iniciativa comunitaria, a la espontaneidad del individuo debe añadirse también la programación, la previsión, la colaboración con otras instituciones similares.

Carta Encíclica Deus caritas est, del Sumo Pontífice Benedicto XVI a todos los fieles sobre el amor cristiano.

sábado, 2 de enero de 2010

Youssou N'dour



Uno de los buenos momentos de 2009: Bailar en la plaza de la catedral de Oviedo en las fiestas de San Mateo con el gran Youssou N'dour.

Gracias, Urania, va por ti, para que tú la bailes.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Gratuidad - Gratitud


















En su artículo “Paternidad, Don y Autonomía”, Eduardo Valenzuela reflexiona sobre la desvalorización del don en la modernidad, sobre el por qué, desde los tiempos modernos, ha sido tan generalizada la explicación “egoísta” de los actos dirigidos al otro.

Valenzuela dirá que la gratuidad “consiste en dar sin esperar nada a cambio y sin comprometer por ello la voluntad del otro”. Pero esta gratuidad también exige “la capacidad de recibir sin entregar nada a cambio (gratitud)”. En esta gratuidad y gratitud, se funda el potencial de libertad que se encuentra presente en el don, y que “convierte definitivamente la deuda en algo alegre, ligero y la culpa en algo feliz”.

En la modernidad se observa una hostilidad hacia lo dado lo que hace olvidar el potencial de libertad que se encuentra presente en el don. Esto ocurre, en primer lugar, debido a que hay un intento de situar la libertad fuera del plano de la existencia –la existencia es fuente de determinación, “algo que no se ha decidido y que tiene, por ello, la misma consistencia de las cosas de la naturaleza”. Así, la vida, lo dado y lo que recibimos, pierde el vínculo con el Creador: se debe trascender la existencia, lo dado, para alcanzar la libertad. Sin embargo, y en segundo lugar, la existencia no es sólo fuente de determinación, sino también de obligación, ya que le debemos la existencia a otro. “La existencia aparece como deudora y culpable”.

Pero Valenzuela dirá que la determinación óntica no cancela la existencia como espacio de libertad, ni exige trascenderla. “Por el contrario, ninguna libertad se equipara a aquella que se funda realmente en el acto de dar la vida sin obligaciones ulteriores y en el acto de recibirla sin culpa”.

En cuanto a las relaciones con un extraño, cuando lo dado se basa en el interés personal, siguen el modelo del “dar para recibir”. La pregunta entonces es: ¿qué pasa con el pobre, con el que no puede devolver lo que le damos, o aquél al que nunca conoceremos? Aquí aparece el modelo de la caritas, cuya esencia radica en “la apertura del don hacia el extraño, hacia aquel que no hemos visto nunca y seguramente no veremos nunca más”. La caritas se asocia al modelo de filiación, del “dar porque se ha recibido” en gratuidad y en gratitud.

Extraído y elaborado a partir de: La Evolución del Voluntariado en Chile entre los años 1990 y 2002.
Sebastián Zulueta Azócar


sábado, 26 de diciembre de 2009

Arte sagrado



















Todo arte sagrado presupone una ciencia de la regularidad de las formas y de la esencia de su simbolismo. Ésta no es meramente un signo convencional que expresa algo metafísico, sino que denota una realidad basada en una ley inherente a la forma; es pues, en cierto sentido, lo que significa. Ello no contradice el principio de que el arte debe ante todo estar al servicio de la belleza; prescindiendo de toda cuestión de gusto, la belleza de una cosa no es más que la transparencia espiritual de su envoltura existencial.

Se acostumbra hoy a llamar sacro o sagrado todo arte cuyo tema tiene algo que ver con la fe religiosa, sin preocuparse de que su forma, es decir, su lenguaje artístico, provenga o no de la verdad que representa esa fe, o de si se trata simplemente de una obra profana, aun de tema religioso, como muchas del renacimiento o del barroco. Arte sacro o sagrado, en el auténtico sentido de la palabra, es sólo aquel cuyas formas reflejan un contenido espiritual independientemente de tiempos o épocas. El arte es esencialmente forma, mientras que entre el tema de una obra de arte y de su forma plástica no siempre existe una relación forzosa, como lo prueba el arte eclesial de los últimos siglos. De por sí, el arte sagrado consiste en una relación sólida entre forma y visión espiritual.

Titus Burkhard: Von Wesen heiliger Kunst in den Weltreligionen.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Alegría















La alegría es el sonido del alma

jueves, 17 de diciembre de 2009

Nada, todo















Cuando vivimos identificados en un cuerpo y una mente determinados, y nos dejamos atrapar por el absorbente influjo de su sensación de identidad separada, automáticamente, intentamos reordenar el mundo que nos rodea en función de nuestros deseos y de nuestros miedos. Hacemos de nuestro ego el centro del mundo y desde ahí, nos enfrentamos al entorno con temor o con apego, según lo percibamos como una peligrosa amenaza para nuestra seguridad o como un atractivo medio para satisfacer nuestros anhelos. Sólo cuando lleguemos a descubrir nuestra omniabarcante identidad real, que no es otra que la de todos los seres del universo, podrá desaparecer por completo todo rastro de egocentrismo en nuestro juego de relaciones fenoménicas.
José Díez Faixat: Siendo nada soy todo

sábado, 12 de diciembre de 2009

Eros

















Cuando nació Afrodita, los dioses celebraron un banquete y, entre otros, estaba también Poros, el hijo de Metis. Después que terminaron de comer, vino a mendigar Penía, como era de esperar en una ocasión festiva, y estaba cerca de la puerta. Mientras, Poros, embriagado de néctar -pues aún no existía el vino-, entró en el jardín de Zeus y, entorpecido por la embriaguez, se durmió. Entonces Penía, tramando, impulsada por su carencia de recursos, hacerse un hijo de Poros, se acuesta a su lado y concibió a Eros. Por esta razón, precisamente, es Eros también acompañante y escudero de Afrodita, al ser engendrado en la fiesta del nacimiento de la Diosa y al ser, a la vez, por naturaleza un amante de lo bello, dado que también Afrodita es bella. Siendo hijo, pues, de Poros y Penía, Eros se ha quedado con las siguientes características. En primer lugar, es siempre pobre, y lejos de ser delicado y bello, como cree la mayoría, es más bien duro y seco, descalzo y sin casa, duerme siempre en el suelo y descubierto, se acuesta a la intemperie en las puertas y al borde de los caminos, compañero siempre inseparable de la indigencia por tener la naturaleza de su madre. Pero, por otra parte, de acuerdo a la naturaleza de su padre, está al acecho de lo bello y de lo bueno; es valiente, audaz y activo, hábil cazador, siempre urdiendo alguna trama, ávido de sabiduría y rico en recursos, filosofa a lo largo de toda su vida, y es un charlatán terrible, un embelesador y un sofista. No es por naturaleza ni inmortal ni mortal, sino que en el mismo día unas veces florece y vive, cuando está en la abundancia, y otras muere, pero recobra la vida de nuevo gracias a la naturaleza de su padre. Mas lo que consigue siempre se le escapa, de suerte que Eros nunca ni está falto de recursos ni es rico, y está, además, en el medio de la sabiduría y la ignorancia. Pues la cosa es como sigue: ninguno de los dioses filosofa ni desea ser sabio, porque ya lo es, como tampoco ama la sabiduría cualquier otro que sea sabio. Por otro lado, los ignorantes ni filosofan ni desean hacerse sabios, pues en esto estriba el mal de la ignorancia: en no ser ni noble, ni bueno, ni sabio y tener la ilusión de serlo en grado suficiente. Así, pues, el que no cree estar necesitado no desea tampoco lo que no cree necesitar.

- ¿Quiénes son, Diotima, entonces, los que aman la sabiduría, si no son ni los sabios ni los ignorantes?

- Hasta para un niño es ya evidente que son los que están en medio de estos dos, entre los cuales estará también Eros. La sabiduría, en efecto, es una de las cosas más bellas y Eros es amor de lo bello, de modo que Eros es necesariamente amante de la sabiduría [filósofo], y por ser amante de la sabiduría está, por tanto, en medio del sabio y del ignorante. Y la causa de esto es también su nacimiento, ya que es hijo de un padre sabio y rico en recursos y de una madre no sabia e indigente.

Platón: El banquete


martes, 8 de diciembre de 2009

5. Todo lo que decimos...



















Todo lo que decimos inaugura distancias,/ estructura de modo distinto lo que somos/ y nuestra relación con lo que existe,/ cambia de decorado y cambia de guión,/modifica el sentido de las leyes/ y nos hace asumir actitudes y fines/ que antes ni siquiera imaginábamos.

Por eso las palabras nos escriben,/ es decir, nos tornean, nos labran, nos dibujan./ Para ser más exactos: las palabras,/ lejos de ser pasivos instrumentos/ en nuestras manos, son gigantas poderosas/ (desde aquí puedo ver el grosor de sus músculos,/ sus ojos inyectados, la determinación/ que demuestran sus gestos) que nos usan/ como materia prima para hacerse sus casas.

Las palabras nos hablan, las palabras/ nos habitan. Por eso decir lo que nos dice/ (o hablar lo que nos habla, callar lo que nos calla,/ escribir lo que escribe nuestra vida)/ es mucho más que un acto/ de aceptación de la existencia; es/ poner una semilla en la palabra/ para que diga lo que somos; es/ seducir la palabra y penetrarla/ para que nos alumbre y nos lleve a su casa:/ y nos lleve a una casa que es la nuestra.

Frente a todos aquellos/ que están donde no están y no están donde están,/ frente a todos aquellos que al vivir/en una casa ajena en realidad/ habitan una cárcel,/ la poesía y el amor nos hacen/ libres para elegir una casa y un mundo/ y nos dejan abiertos para ser elegidos/ por la casa y el mundo que elegimos.

Y cuando afirmo «todo lo que decimos» quiero/ decir la que decimos con sentido:/ aquello que se dice por medio de nosotros/ (la poesía y el amor, la luz/ y los bosques y el mar, la nada y el olvido...),/ aquello que bautiza las medidas del mundo/ (rediseña la planta de la casa),/ aquello que le da al mundo otra apariencia/ sin por ello impedir que siga intacto/, aquello, en fin, que afirma lo que es/ en vez de destrozarlo, de ignorarlo,/ de pasar a su lado con los ojos borrándose.

Jesús Aguado

Caminos del espejo



















I
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.

II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde
filoso de la noche.

III
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.

IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.

V
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona
el viento en el umbral.

VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.

VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.

VIII
Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.

IX
Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.

X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé.
Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.

XI
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.

XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola.
Hay alguien aquí que tiembla.

XIII
Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.

XIV
La noche tiene la forma de un grito de lobo.

XV
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy.
Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.

XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba
no vi otra cosa que a mí misma.

XVII
Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.

XVIII
Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.

XIX
Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra
la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo,
he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.

Alejandra Pizarnik

sábado, 5 de diciembre de 2009

Amor















Duda de que las estrellas son fuego

duda de que el sol se mueve,

duda de que la verdad no engaña;

pero nunca dudes de que amo.


W. Shakespeare

jueves, 26 de noviembre de 2009

viernes, 6 de noviembre de 2009

Wilber: para hacer la ola













Nuevas tareas para hacer, nuevas glorias para contar, nuevos fundamentos para ser revelados y nuevos secretos del corazón para desplegar demasiado completos para mencionarlos, demasiado radiantes para verlos, demasiado infinitos para sostenerlos, demasiado eternos para tocarlos, pero que están aquí y ahora mismo, más cerca de ti que tu propio corazón, más dentro de ti que tus pensamientos e íntimamente unidos al Espíritu. Eso es lo que ahora mismo está leyendo esta página, contemplando el mundo y preguntándose lo que todo esto significa, cuando lo que significa eres . Pero no el yo que podemos ver, sino el Yo que está viendo.

El Vidente en ti, el Testigo de esta página y del mundo que te rodea resplandece y palpita con una beatitud radiante atada a la libertad de todos y cada uno de los instantes, una libertad abrasadora que se libera al infinito en cada espiración, que cosquillea en tu columna con su ardiente intensidad que emana de tu cuerpo entregando sus dones de infinita compasión, de perfección radical y de respeto resplandeciente, dones tan desbordantes que tu cuerpo reventaría si tratara de contenerlos. Ahora mismo puedes sentir esa plenitud tratando de expandirse y esa libertad atravesándote. Para ello bastará con que te muevas simplemente a un lado. Entonces, cuando descanses como el Testigo de este y de todos los mundos, podrás presenciar todos los mundos que emergen en tu propia conciencia, todos los mundos que has creado entre la salida y la puesta del Sol, el luminoso despliegue del orbe atravesando el firmamento de tu propia vacuidad resplandeciente. La gran apertura radiante que eres tú, instante tras instante es todo lo que es. ¡Mira! ¡Mira! ¡Mira! ¿Qué es lo que ves? ¿Qué es lo que puedes ver? ¿Qué otra cosa puedes ver sino las texturas de tu Ser, el gran Único Sabor de tu Presencia primordial que aparece por doquier como el mundo? ¿Sigues creyendo ahora acaso que el mundo “fuera de aquí” es distinto a la sensación que tienes de ti ahora mismo? Escúchame:

Todo eres tú.
Tú estás vacío.
La vacuidad se manifiesta libremente.
Manifestarse libremente es la autoliberación.

Ken Wilber: La visión integral.


viernes, 23 de octubre de 2009

Conflicto

Suelto,
pelo suelto al viento,
caricias voluptuosas en el cráneo.

No tengo expectativas,
no tengo apego a los deseos.

Libre de los juegos de espejos,
pasos de geisha
colores de seda,
en mí no hay conflicto.
No obtuve lo que esperaba:
Ya he aprendido a no esperar.

La paciencia...













Ten paciencia con todas las cosas, pero sobre todo contigo mismo.


Francisco de Sales

miércoles, 26 de agosto de 2009

John Stuart Mill














El principio requiere libertad de gustos y actividades, libertad para formular el plan de nuestra vida con el fin de que se adapte a nuestro carácter, libertad para hacer lo que nos gusta, sujetos a las consecuencias que puedan derivarse, sin impedimento por parte de nuestros semejantes, siempre que lo que hagamos no les perjudique, incluso aunque piensen que nuestra conducta es estúpida, perversa o equivocada.

viernes, 21 de agosto de 2009

Yo estoy aquí por ti y tú por mí.


Nasrudín caminaba tranquilamente por el campo un día soleado. Mientras miraba el paisaje observó que delante de él otra persona también caminaba en la misma dirección. En cierto momento éste miró hacia atrás y vio a Nasrudín a cierta distancia. Entonces pensó: seguramente es un atracador y está esperando la oportunidad para quitármelo todo. En ese momento empezó a correr despavorido.

Nasrudín que lo observaba desde atrás con atención, al verlo correr de esa forma, pensó: seguramente le ha pasado algo y necesita ayuda, y entonces él también empezó a correr a toda velocidad. De esta forma los dos corrían por el campo uno tras otro. El primer hombre ya no podía más y en su debilidad tropezó con una piedra, rodó por el suelo y quedó medio atrapado entre unos matorrales; se quedó allí quieto y agazapado con la esperanza de que Nasrudín no le viera cuando pasara. Pero Nasrudín tropezó justo en la misma piedra, rodó igualmente y fue a parar justo encima del hombre. Éste gritaba:

-Por favor no me hagas nada.

Nasrudín quedó sorprendido, se quedó mirando a la otra persona y dijo:

-Sabes qué, creo que tú estás aquí por mí y yo estoy aquí por ti.


Cuentos sufíes

domingo, 16 de agosto de 2009

Pantera

Su esbelta negrura aterciopleada, que semeja no tener otro peso sino el suficiente para oponerse al aire con resistencia autónoma, va y viene monótonamente tras de los hierros, ante quienes seducidos por tal hermosura maléfica allá se detienen a contemplarla. La fuerza material se sutiliza ahí en gracia dominadora, y la voluntad construye, como en el bailarín, un equilibrio corporal perfecto, ordenando cada músculo exacta y aladamente, según la pauta matemática y musical que informa sus movimientos.
No, ni basalto ni granito podrían figurarla, y sí sólo un pedazo de noche. Aérea y ligera lo mismo que la noche, vasta y tenebrosa lo mismo que el todo de donde algún cataclismo la precipitó sobre la tierra, esa negrura está iluminada por la luz glauca de los ojos, a los que asoma a veces el afán de rasgar y de triturar, idea única entre la masa mental de su aburrimiento. ¿Qué poeta o qué demonio odió tanto y tan bien la vulgaridad humana circundante?.
Y cuando aquel relámpago se apaga, atenta entonces otra realidad que los sentidos no vislumbran, su mirada queda indiferente ante la exterior fantasmagoría ofensiva. Aherrojada así, su potencia destructora se refugia más allá de la apariencia, y esa apariencia que sus ojos no ven, o no quieren ver, inmediata aunque inaccesible a la zarpa, el pensamiento animal la destruye ahora sin sangre, mejor y más enteramente.

Luis Cernuda: Ocnos


La pantera


De ver pasar barrotes su mirada

se ha cansado tanto que no ve ya nada.
Le parece que hubiera mil barrotes
y tras los mil barrotes ningún mundo.

El lento andar de firmes pasos blandos,
que giran en torno al círculo más mínimo,
es un baile de fuerza en torno a un centro
en que hay, aturdido, un gran deseo.

A veces se alza el telón de la pupila,
sin ruido... entonces una imagen entra,
cruza los miembros, silenciosos, tensos,
y llega al corazón, donde allí muere.

Rainer Maria Rilke: La pantera

¿Qué ves?



















Ya, ya sé lo que tú ves...