
Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena.
Gandhi








Cuando nació Afrodita, los dioses celebraron un banquete y, entre otros, estaba también Poros, el hijo de Metis. Después que terminaron de comer, vino a mendigar Penía, como era de esperar en una ocasión festiva, y estaba cerca de la puerta. Mientras, Poros, embriagado de néctar -pues aún no existía el vino-, entró en el jardín de Zeus y, entorpecido por la embriaguez, se durmió. Entonces Penía, tramando, impulsada por su carencia de recursos, hacerse un hijo de Poros, se acuesta a su lado y concibió a Eros. Por esta razón, precisamente, es Eros también acompañante y escudero de Afrodita, al ser engendrado en la fiesta del nacimiento de la Diosa y al ser, a la vez, por naturaleza un amante de lo bello, dado que también Afrodita es bella. Siendo hijo, pues, de Poros y Penía, Eros se ha quedado con las siguientes características. En primer lugar, es siempre pobre, y lejos de ser delicado y bello, como cree la mayoría, es más bien duro y seco, descalzo y sin casa, duerme siempre en el suelo y descubierto, se acuesta a la intemperie en las puertas y al borde de los caminos, compañero siempre inseparable de la indigencia por tener la naturaleza de su madre. Pero, por otra parte, de acuerdo a la naturaleza de su padre, está al acecho de lo bello y de lo bueno; es valiente, audaz y activo, hábil cazador, siempre urdiendo alguna trama, ávido de sabiduría y rico en recursos, filosofa a lo largo de toda su vida, y es un charlatán terrible, un embelesador y un sofista. No es por naturaleza ni inmortal ni mortal, sino que en el mismo día unas veces florece y vive, cuando está en la abundancia, y otras muere, pero recobra la vida de nuevo gracias a la naturaleza de su padre. Mas lo que consigue siempre se le escapa, de suerte que Eros nunca ni está falto de recursos ni es rico, y está, además, en el medio de la sabiduría y la ignorancia. Pues la cosa es como sigue: ninguno de los dioses filosofa ni desea ser sabio, porque ya lo es, como tampoco ama la sabiduría cualquier otro que sea sabio. Por otro lado, los ignorantes ni filosofan ni desean hacerse sabios, pues en esto estriba el mal de la ignorancia: en no ser ni noble, ni bueno, ni sabio y tener la ilusión de serlo en grado suficiente. Así, pues, el que no cree estar necesitado no desea tampoco lo que no cree necesitar.
- ¿Quiénes son, Diotima, entonces, los que aman la sabiduría, si no son ni los sabios ni los ignorantes?
- Hasta para un niño es ya evidente que son los que están en medio de estos dos, entre los cuales estará también Eros. La sabiduría, en efecto, es una de las cosas más bellas y Eros es amor de lo bello, de modo que Eros es necesariamente amante de la sabiduría [filósofo], y por ser amante de la sabiduría está, por tanto, en medio del sabio y del ignorante. Y la causa de esto es también su nacimiento, ya que es hijo de un padre sabio y rico en recursos y de una madre no sabia e indigente.
Platón: El banquete


Nuevas tareas para hacer, nuevas glorias para contar, nuevos fundamentos para ser revelados y nuevos secretos del corazón para desplegar demasiado completos para mencionarlos, demasiado radiantes para verlos, demasiado infinitos para sostenerlos, demasiado eternos para tocarlos, pero que están aquí y ahora mismo, más cerca de ti que tu propio corazón, más dentro de ti que tus pensamientos e íntimamente unidos al Espíritu. Eso es lo que ahora mismo está leyendo esta página, contemplando el mundo y preguntándose lo que todo esto significa, cuando lo que significa eres tú. Pero no el yo que podemos ver, sino el Yo que está viendo.
El Vidente en ti, el Testigo de esta página y del mundo que te rodea resplandece y palpita con una beatitud radiante atada a la libertad de todos y cada uno de los instantes, una libertad abrasadora que se libera al infinito en cada espiración, que cosquillea en tu columna con su ardiente intensidad que emana de tu cuerpo entregando sus dones de infinita compasión, de perfección radical y de respeto resplandeciente, dones tan desbordantes que tu cuerpo reventaría si tratara de contenerlos. Ahora mismo puedes sentir esa plenitud tratando de expandirse y esa libertad atravesándote. Para ello bastará con que te muevas simplemente a un lado. Entonces, cuando descanses como el Testigo de este y de todos los mundos, podrás presenciar todos los mundos que emergen en tu propia conciencia, todos los mundos que has creado entre la salida y la puesta del Sol, el luminoso despliegue del orbe atravesando el firmamento de tu propia vacuidad resplandeciente. La gran apertura radiante que eres tú, instante tras instante es todo lo que es. ¡Mira! ¡Mira! ¡Mira! ¿Qué es lo que ves? ¿Qué es lo que puedes ver? ¿Qué otra cosa puedes ver sino las texturas de tu Ser, el gran Único Sabor de tu Presencia primordial que aparece por doquier como el mundo? ¿Sigues creyendo ahora acaso que el mundo “fuera de aquí” es distinto a la sensación que tienes de ti ahora mismo? Escúchame:
Todo eres tú.
Tú estás vacío.
La vacuidad se manifiesta libremente.
Manifestarse libremente es la autoliberación.
Ken Wilber: La visión integral.