EL FRUTO DE LA NADA
Hablo, por tanto, de una Divinidad de la que aún no emana nada; nada se mueve y nada es pensado. Incluso si el alma hubiera de ver a Dios en cuanto a Dios o en cuanto a cómo Él puede ser imaginado o en cuanto a que Él es un pensamiento, seguirá existiendo la misma insuficiencia. Pero cuando todas las imágenes se retiran y el Alma es solamente el Uno, entonces el ser puro del Alma se encuentra descansando en el mismo Ser puro y sin forma de lo divino…
Ni el espacio ni el tiempo tocan este lugar. Nada impide tanto la comprensión de Dios por el Alma como el tiempo y el espacio. El tiempo y el espacio son partes de la totalidad, pero Dios es uno. Por tanto, si el Alma ha de conocer a Dios, debe hacerlo fuera del espacio y del tiempo. Porque Dios no es ni esto ni aquello de la misma forma en que son las cosas de la tierra, porque Dios es uno. Si el Alma quiere conocer a Dios, no puede hacerlo en el tiempo. Porque en la medida que el Alma es consciente del espacio o del tiempo o de cualquier otro, no puede conocer a Dios.
Sabed pues que toda nuestra perfección y toda nuestra felicidad dependen del hecho de que el individuo atraviese y vaya más allá de la creación, de toda temporalidad y de todo ser, y entre en el fundamento que no tiene fundamento. Deben llegar al olvido y a la conciencia del no-yo; y allí debe haber silencio y quietud absolutos.




