martes, 4 de noviembre de 2008

Meister Eckhart

EL FRUTO DE LA NADA

Hablo, por tanto, de una Divinidad de la que aún no emana nada; nada se mueve y nada es pensado. Incluso si el alma hubiera de ver a Dios en cuanto a Dios o en cuanto a cómo Él puede ser imaginado o en cuanto a que Él es un pensamiento, seguirá existiendo la misma insuficiencia. Pero cuando todas las imágenes se retiran y el Alma es solamente el Uno, entonces el ser puro del Alma se encuentra descansando en el mismo Ser puro y sin forma de lo divino…

Ni el espacio ni el tiempo tocan este lugar. Nada impide tanto la comprensión de Dios por el Alma como el tiempo y el espacio. El tiempo y el espacio son partes de la totalidad, pero Dios es uno. Por tanto, si el Alma ha de conocer a Dios, debe hacerlo fuera del espacio y del tiempo. Porque Dios no es ni esto ni aquello de la misma forma en que son las cosas de la tierra, porque Dios es uno. Si el Alma quiere conocer a Dios, no puede hacerlo en el tiempo. Porque en la medida que el Alma es consciente del espacio o del tiempo o de cualquier otro, no puede conocer a Dios.

Sabed pues que toda nuestra perfección y toda nuestra felicidad dependen del hecho de que el individuo atraviese y vaya más allá de la creación, de toda temporalidad y de todo ser, y entre en el fundamento que no tiene fundamento. Deben llegar al olvido y a la conciencia del no-yo; y allí debe haber silencio y quietud absolutos.

lunes, 3 de noviembre de 2008

μίμεμα καλόν


Eliette Abécassis


QUMRÁN

Quien sepa leerme, descifrará el futuro a través del pasado,

la síntesis a través del análisis, el esbozo a través de la exégesis.

Pues me invento con mis interpretaciones, y me comprendo ante mi texto.

«Cada letra es un mundo, cada palabra, un universo»

Cada cual es responsable de las palabras que escribe,

y de las que lee, pues cada cual es libre ante su lectura.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Steppenwolf

Hermann Hesse

EL LOBO ESTEPARIO

Yo voy, lobo estepario, trotando
por el mundo de nieve cubierto;
del abedul sale un cuervo volando,
y no cruzan ni liebres ni corzas el campo desierto.

Me enamora una corza ligera,
en el mundo no hay nada tan lindo y hermoso;
con mis dientes y zarpas de fiera
destrozara su cuerpo sabroso.

Y volviera mi afán a mi amada,
en sus muslos mordiendo la carne blanquísima
y saciando mi sed en su sangre por mí derramada,
para aullar luego solo en la noche tristísima.

Una liebre bastara también a mi anhelo;
dulce sabe su carne en la noche callada y oscura.
¡Ay! ¿Por qué me abandona en letal desconsuelo
de la vida la parte más noble y más pura?

Vetas grises adquiere mi rabo peludo;
voy perdiendo la vista, me atacan las fiebres;
hace tiempo que estoy sin hogar y viudo
y que troto y que sueño con corzas y liebres
que mi triste destino me ahuyenta y espanta.

Oigo al aire soplar en la noche de invierno,
hundo en nieve mi ardiente garganta,
y así voy llevando mi mísera alma al infierno.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Ut unum sint

Dom Columba Marmión


JESUCRISTO, VIDA DEL ALMA

Demos, pues, gracias a Jesús, que se dignó asociarnos tan estrechamente a su vida; todo nos es común con Él: méritos, intereses, bienes, bienaventuranzas, gloria (…). Y como quiera que somos todos uno en Cristo, puesto que vivimos todos la vida de gracia (…) bajo Cristo, por la acción de un mismo Espíritu, unámonos todos íntimamente, aun cuando seamos miembros distintos y cada cual con su propia función; unámonos también con todas las almas santas que (…) forman con nosotros un solo cuerpo. Es el dogma tan consolador de la comunión de los santos.

Para san Pablo, santos son aquellos que pertenecen a Cristo, los que ocupan ya su sitio en el mundo eterno y los que continúan en esta tierra. Mas todos esos miembros pertenecen a un solo cuerpo, porque la Iglesia es una; todos son entre sí solidarios, todo lo tienen en común; el bienestar de un miembro aprovecha al cuerpo entero y la gloria del cuerpo transciende a cada uno de sus miembros. ¡Qué luz tan clara sobre nuestra responsabilidad proyecta este pensamiento!... San Pablo nos exhorta a todos a que cada cual trabaje hasta tanto que «lleguemos a la común perfección del cuerpo místico.»

No basta que vivamos unidos a Cristo, la Cabeza; es menester, además, que «cuidemos de guardar entre nosotros la unidad del Espíritu, que es Espíritu de amor, ligados por vínculos de paz» (Ef, 3).

Ése fue el voto supremo que hizo Cristo en el momento de acabar su divina misión en la tierra: «Padre que sean uno como Tú y yo somos uno; que sean consumados en la unidad» (Jn 17, 21-23). Porque dice san Pablo: «sois todos hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús» (Gál 3, 26). «No hay ya judío ni griego, esclavo o libre, varón o mujer, pues todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gál 3, 28). La unidad en Dios, en Cristo y por Cristo, es la suprema aspiración: «y Dios será todo en todos«» (1Cor 15,28).


GRATIS DATE: Lo que recibisteis gratis, dadlo gratis.

Iván Malinowski



















EPITAFIOS

No estoy afligido porque estés muerto
o porque aún estés vivo
sino porque no puedes decidirte
por ninguna de las dos opciones.